Doveliar

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23.10.06

Política y Urbanismo

Desde los tiempos de Hipodamo de Mileto, la idea de un Urbanismo como Disciplina, ha ido siempre aparejada de una organización política Constitucionalista y –por Derecho- obligada a la simbiosis. Clérigos, artesanos y guerreros de la Hélade, han derivado hoy en una compleja estructura política de entramados intereses en torno a la organización territorial, que pone continuamente en jaque tanto a la Norma como a la misma Disciplina de lo Urbano, entendida como “conjunto de conocimientos que se refieren al estudio de la creación, desarrollo, reforma y progreso de los poblados en orden a las necesidades de la vida urbana”. (RAE. 1.956).

Y es por ende, que el Urbanismo como Disciplina de continuidad, adopta una doble vertiente; por una parte, precisa la capacitación técnica necesaria y suficiente para abordar la problemática desde una perspectiva óptima para un desarrollo sostenible. Por otra parte, ha de sustentarse en los principios establecidos por el Estado de Derecho, como Norma de justicia y equidad. Y es por ambas partes donde requiere una base firme, resultante del ensamblaje entre Técnica, Norma y Ética, para no reflejar un objeto intrínsecamente perverso, si es subordinado por manipulación en base a intereses sectarios; bien sean de carácter político o meramente privados.

Es por eso que siempre sorprende la disposición beligerante en torno al debate urbanístico, que se plantea entre los diversos grupos políticos. Al margen de técnica y Norma, se intenta establecer un fuego cruzado, catapultando presuntos principios éticos y populistas en supuesto interés de los ciudadanos. A foco de cámara, se permiten el osado reto a debate público desde el más absoluto desconocimiento de los principios básicos amparados en la Disciplina y el Derecho Urbanístico, con el resultado obvio del afloramiento inmediato de todas las carencias e intereses gregarios; más propios de lobbys que de administradores de la Res Pública.

Mantengan pues sus posiciones políticas Alcaldes, ediles y consejeros, para ser testigos de lo efímero de sus mandatos. Desde el otro lado, siempre mantendremos la línea técnica, ética y jurídica, si bien nos permitimos recomendarles la creación de nuevas materias para el debate político, como el “Nepotourbanismo” (el arte de convertir familiares en constructores), la “Chaletología” (mis amiguetes hacen chaletes) o la “Recalifincología” (el saber arcano de convertir suelo protegido en urbanizable por el artículo 33). Pero tengan bien presente, que el desconocimiento de la Ley no exime de su cumplimiento, y es lamentable, que la ignorancia unida a la falta de ética, determinen que el próximo punto de encuentro para algunos, pueda ser la sala de lo penal.